Hábitos

Un texto interesante extraido del libro de José Mª Acosta, El tiempo, la PNL y la Inteligencia Emocional.

“Una gran parte de las cosas que hacemos cada día, lo hacemos de modo incosciente porque lo hemos convertido en hábito. La ventaja es que no nos exige atención, ni casi energía. El hábito “funciona sólo”.

Pero algunos hábitos, que quizá resultaron útiles en su momento puede que no lo resulten tanto ahora y decidamos modificarlos en beneficio de nuestro rendimiento.

Pero cambiar hábitos no es fácil ni rápido.

Una muestra significativa la tenemos en algo que nos perjudica a diario a muchas de nosotras: el teclado de nuestro ordenador.

Es justamente el peor de los posibles, al menos en inglés. Tampoco en castellano resulta cómodo, adecuado. ¿Os habéis preguntado alguna vez por qué no están cerca las teclas que pulsamos sucesivamente con frecuencia? Si se pulsan seguidas, sería bueno que estuviesen juntas.

Bueno, pues precisamente por eso, porque con frecuencia se pulsan seguidas, están separadas.

Sigamos el hilo: ¿Cómo es el teclado del ordenador con el que escribimos? Como el de la máquina de escribir de toda la vida. Bueno, como el de la máquina de escribir electrónica; y éste, claro, como el de la eléctrica, que era como el de la mecánica que aporreaban las antiguas macanógrafas. Y todas ellas como el de la primera Remington, aparecida en 1873.

Pero ese primer prototipo debió superar una dificultad: si se pulsaban dos letras cercanas, la que subía enganchaba a la que bajaba. Con lo que el inventor, un tal Lathan Sholes, resolvió el problema de aquel momento -la nefasta prioridad del corto plazo- separando al máximo las letras que frecuentemente van juntas en el texto, para que no se estorbasen en su recorrido.

¿Y por qué tenemos que seguir soportando un serio inconveniente que nos obliga a desplazar mucho más los dedos y hasta el propio brazo al escribir, cuando la técnica hace décadas que tiene sobradamente resuelto el problema? Sencillamente, porque no hubo un fabricante que se atreviera, hace medio siglo, a proponer un cambio de hábito a cientos de miles de mecanógrafas del momento, ni lo hay hoy que crea que los millones de seres que nos manejamos mejor o peor con un teclado estemos dispuestas a cambiar de hábito. Aunque muchos pensemos que valdría la pena. Ahorraría energía, tiempo; y haría más fácil el aprendizaje y la propia escritura.”

¿Cambiamos la distribución de nuestros teclados? 😉

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